THE COLLAGEN CODE II - Estimular colágeno: por qué no todos los tratamientos hacen lo mismo
Actualizado: 7 oct.

“Doctora, quiero hacerme algo para estimular colágeno.”
Es una frase que escucho muchísimo en consulta.
Y, aunque parece una petición bastante concreta, en realidad para mí abre muchas más preguntas de las que responde. ¿Dónde queremos estimularlo?¿Qué está ocurriendo en ese tejido?¿Buscamos mejorar firmeza? ¿Textura? ¿Calidad cutánea?¿Existe flacidez?¿Hay pérdida de soporte?¿Estamos hablando de una piel joven que quiere prevenir o de un tejido en el que ya existen cambios estructurales?
Porque estimular colágeno no es un tratamiento. Es un objetivo biológico.
Y podemos llegar a él de maneras muy diferentes.
Primero: no existe “el tratamiento del colágeno”
En los últimos años hemos empezado a utilizar la palabra colágeno para prácticamente todo.
Cremas que estimulan colágeno. Láseres que estimulan colágeno. Radiofrecuencia. Ultrasonidos. Inyectables. Microneedling. Y, en cierta medida, varios de estos tratamientos pueden desencadenar procesos relacionados con remodelación tisular y neocolagénesis, pero eso no significa que sean equivalentes.
Cuando valoramos un rostro no vemos simplemente “falta de colágeno”. Vemos diferentes tejidos, a distintas profundidades, que envejecen de manera distinta.
La piel cambia, el tejido subcutáneo cambia, los ligamentos y estructuras de soporte cambian, incluso el hueso experimenta modificaciones con el paso de los años.
Por eso, reducir el tratamiento del envejecimiento a “vamos a estimular colágeno” se queda corto.
Antes de decidir cómo estimular, necesitamos saber qué queremos tratar.
La profundidad importa
Este es probablemente uno de los conceptos que más intento explicar en consulta.
No es lo mismo trabajar la dermis que hacerlo sobre planos más profundos. Y aquí es donde empieza a tener sentido que existan tecnologías aparentemente destinadas al mismo objetivo pero que, en realidad, utilizamos de forma diferente.
Por ejemplo, los ultrasonidos microfocalizados permiten depositar energía de forma precisa a profundidades seleccionadas sin necesidad de lesionar la superficie cutánea.
La energía genera pequeños puntos de coagulación térmica en el tejido tratado y desencadena posteriormente una respuesta de reparación y remodelación.
En consulta utilizamos esta tecnología, por ejemplo, con Ultherapy Prime, donde además podemos visualizar mediante ecografía los planos sobre los que estamos trabajando.
Cuando mi objetivo predominante es abordar determinados componentes de la laxitud y trabajar estructuras a diferentes profundidades, esta puede ser una herramienta interesante.
Pero quizá el problema principal de otro paciente no está ahí.
Quizá lo que veo es una piel con alteraciones de textura, poros, irregularidades o una dermis que necesita otro tipo de remodelación.
Y entonces mi razonamiento cambia.
Cuando queremos trabajar la dermis de otra manera
La radiofrecuencia fraccionada con microagujas, como Morpheus8, utiliza un mecanismo diferente.
Las microagujas penetran en el tejido y permiten administrar energía de radiofrecuencia a profundidades seleccionadas. Esa combinación produce una lesión térmica controlada que activa posteriormente procesos de reparación y remodelación.
Aunque volvamos a utilizar la expresión “estimular colágeno”, estamos hablando de una interacción con el tejido diferente a la del ultrasonido microfocalizado.
Y esto es importante, porque dos tratamientos pueden compartir un objetivo general —mejorar determinadas características relacionadas con el envejecimiento cutáneo— y, sin embargo, no actuar de la misma manera, a la misma profundidad ni ser la elección adecuada para el mismo paciente.
¿Y qué ocurre con los bioestimuladores?
Aquí cambiamos nuevamente de mecanismo.
En lugar de utilizar una fuente de energía externa, introducimos un material biocompatible en el tejido capaz de generar una respuesta biológica determinada.
Uno de los materiales que utilizamos con este objetivo es la hidroxiapatita cálcica (CaHA).
Dependiendo de la formulación, dilución, plano y técnica de infiltración, podemos buscar diferentes efectos sobre el tejido.
Y precisamente por eso tampoco me gusta hablar de los bioestimuladores como si fueran una categoría homogénea pues el producto importa.
Pero también importan muchísimo cómo se prepara, dónde se deposita, cuánto utilizamos y qué queremos conseguir con él.
Una misma jeringa en manos diferentes puede formar parte de estrategias completamente distintas.
Entonces… ¿Ultherapy, Morpheus8 o bioestimuladores?
Esta es probablemente la pregunta que muchos esperaban encontrar respondida en este artículo.
Y mi respuesta sería otra pregunta:
¿Para qué?
Si no sabemos qué queremos corregir, comparar tratamientos tiene poco sentido.
No elegiría una tecnología porque esté de moda, porque alguien haya obtenido un buen resultado con ella o porque en redes sociales se presente como “el mejor tratamiento para estimular colágeno”.
Primero observo el tejido, después establezco el objetivo y solo entonces elijo la herramienta.
En algunos pacientes puede tener sentido trabajar principalmente con una tecnología. En otros, con un bioestimulador. Y en determinados casos podemos plantear estrategias combinadas porque estamos tratando problemas diferentes en planos diferentes.
No se trata de acumular tratamientos.
Se trata de que cada uno tenga una razón para estar ahí.
Más estímulo tampoco significa necesariamente mejor resultado
Hay otra idea que me parece especialmente importante.
En medicina estética tenemos cierta tendencia a pensar que, si algo funciona, hacer más debería funcionar todavía mejor.
Más sesiones, más energía, más producto, más tratamientos combinados, pero la biología no funciona de una manera tan lineal.
Cuando realizamos un procedimiento cuyo objetivo es inducir remodelación tisular, desencadenamos una respuesta que necesita tiempo.
Inflamación controlada, señalización celular, actividad fibroblástica, síntesis y reorganización de matriz extracelular… son procesos que no ocurren de un día para otro.
Por eso algunos resultados evolucionan durante semanas e incluso meses.
Y por eso también es importante saber cuándo estimular y cuándo simplemente dejar que el tejido responda.
Mi forma de entender la estimulación de colágeno
Cada vez me interesa menos la pregunta:
“¿Cuál es el mejor tratamiento?”
Y mucho más:
“¿Qué necesita este tejido?”
Porque probablemente ahí está una de las diferencias entre realizar procedimientos aislados y construir un plan de tratamiento.
No todos envejecemos igual.
Ni siquiera todas las zonas de nuestro propio rostro envejecen al mismo ritmo.
Por eso podemos necesitar profundidad en un área, mejorar calidad cutánea en otra y quizá no intervenir en absoluto en una tercera.
La medicina estética que me interesa no busca tratar por tratar.
Busca entender primero y actuar después.
Y cuando hablamos de colágeno, esto cobra todavía más sentido.
Porque estimularlo no consiste en hacer más.
Consiste en saber dónde, cómo, cuándo y para qué.
THE COLLAGEN CODE
En la primera parte de esta serie hablamos de qué es el colágeno y por qué cambia con el tiempo.
Hoy hemos dado un paso más: entender que no existe una única manera de estimularlo.
Y en la próxima entrega quiero salir del rostro.
Porque cuando pensamos en envejecimiento solemos mirarnos directamente a la cara, pero hay otras zonas que muchas veces cuentan nuestra historia incluso antes: cuello, escote y manos.
Nos vemos en el próximo capítulo de The Collagen Code 🤎
Dra. Lorena Arrien
Medicina Estética & Well-Aging




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