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THE COLLAGEN CODE: ENTENDER EL COLÁGENO ANTES DE INTENTAR ESTIMULARLO

2 oct
5 min de lectura

Actualizado: 7 oct


“Estimular colágeno” se ha convertido en una de las expresiones que más escuchamos cuando hablamos de cuidado de la piel y medicina estética.

Cremas que prometen estimularlo, suplementos que aseguran protegerlo, dispositivos que buscan activar su producción y tratamientos inyectables que también actúan sobre él.

Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:


¿Qué significa realmente estimular colágeno?

Porque el colágeno no es simplemente “lo que mantiene la piel firme”. Es una familia de proteínas estructurales fundamentales para numerosos tejidos de nuestro organismo y, cuando hablamos de piel, forma parte de una arquitectura biológica mucho más compleja.

Antes de decidir cómo estimularlo, tenemos que entender qué estamos intentando preservar o mejorar.


EL COLÁGENO NO ES UNO SOLO

Cuando hablamos de “colágeno” solemos hacerlo como si se tratara de una única sustancia. Sin embargo, existen diferentes tipos de colágeno distribuidos por nuestro organismo, con funciones y características distintas.

En la dermis predominan especialmente los colágenos tipo I y III, integrados dentro de una matriz extracelular en la que también encontramos elastina, proteoglicanos, glicosaminoglicanos y otras moléculas.

Esta matriz constituye, en gran medida, el entorno estructural de nuestra piel.

Por eso, cuando hablamos de envejecimiento cutáneo, no deberíamos pensar únicamente en “perder colágeno”. Lo que ocurre es mucho más interesante.


NO SOLO IMPORTA CUÁNTO COLÁGENO TENEMOS

Una de las ideas que más me interesa transmitir es esta:

cantidad no es sinónimo de calidad.

Con el paso del tiempo no solamente puede disminuir la síntesis de nuevo colágeno. También se producen modificaciones en las fibras existentes, cambia su organización, aumenta su fragmentación y se altera el funcionamiento de la matriz extracelular.

Los fibroblastos —células fundamentales en la producción y mantenimiento de componentes de esta matriz— también modifican progresivamente su comportamiento.

Por eso el envejecimiento de la piel no puede reducirse a una cifra o a un porcentaje de colágeno perdido cada año.

Es un proceso biológico dinámico.

Y, además, no ocurre exactamente igual en todas las personas.



¿CUÁNDO EMPEZAMOS A PERDER COLÁGENO?

Probablemente hayas escuchado alguna vez que “a partir de los 25 años perdemos un 1 % de colágeno cada año”.

Es una forma sencilla de explicar que la capacidad de renovación de nuestra piel disminuye progresivamente con la edad, pero la realidad biológica es bastante menos matemática.

No cumplimos 25 años y nuestro organismo activa de repente un interruptor que comienza a destruir colágeno.

El envejecimiento cutáneo es gradual y está determinado por la combinación de dos grandes procesos.

Por un lado está el envejecimiento intrínseco, relacionado con el paso del tiempo y nuestra propia biología.

Y por otro, el envejecimiento extrínseco, condicionado por factores ambientales y de estilo de vida.

Entre ellos, uno tiene especial importancia: la radiación ultravioleta.


EL SOL Y NUESTRO COLÁGENO

Cuando hablamos de fotoenvejecimiento solemos pensar inmediatamente en manchas.

Pero la exposición solar acumulada también tiene un papel importante en el envejecimiento de la matriz dérmica.

La radiación ultravioleta favorece estrés oxidativo y activa diferentes vías moleculares implicadas en la degradación del colágeno. Por eso la fotoprotección no debería entenderse únicamente como una herramienta para prevenir manchas.

También forma parte de cualquier estrategia destinada a preservar la calidad de nuestra piel a largo plazo. Y aquí aparece una idea fundamental dentro de mi manera de entender el Well-Aging: no todo consiste en estimular. También tenemos que aprender a preservar.


¿PODEMOS “REPONER” EL COLÁGENO CON UNA CREMA?

Otra pregunta muy frecuente: ¿una crema que contiene colágeno no introduce nuevas fibras de colágeno directamente en nuestra dermis.

Las moléculas de colágeno son demasiado grandes para atravesar la barrera cutánea y llegar intactas a las capas profundas donde se encuentra la arquitectura dérmica. Eso no significa que la cosmética no tenga importancia.

Una buena rutina puede mejorar hidratación, función barrera, textura, luminosidad y protección frente a determinados factores externos. Además, existen activos tópicos con evidencia en la modulación de diferentes procesos relacionados con el envejecimiento cutáneo. Pero aplicar colágeno sobre la superficie de la piel y producir nuevo colágeno dentro de la dermis son procesos completamente diferentes.

Entender esta diferencia nos permite tener expectativas mucho más realistas sobre lo que puede hacer cada herramienta.


ESTIMULAR COLÁGENO ES PROVOCAR UNA RESPUESTA BIOLÓGICA

Y llegamos probablemente al concepto más importante.

Cuando en medicina estética hablamos de estimular colágeno, no estamos “añadiendo” simplemente colágeno a la piel.

Buscamos generar determinadas señales biológicas capaces de activar procesos de reparación, remodelación y neocolagénesis.

Y dependiendo de la herramienta que utilicemos, esas señales pueden producirse de maneras muy diferentes.

Podemos trabajar mediante energía, mediante estímulos mecánicos o térmicos, mediante determinados materiales inyectables o mediante estrategias regenerativas.

Pero no todas actúan en la misma profundidad.

No generan exactamente la misma respuesta.

Y, sobre todo, no tienen la misma indicación.

Por eso preguntar:

“¿Qué tratamiento estimula más colágeno?”

no siempre es la pregunta correcta.

La pregunta debería ser:

“¿Qué necesita este tejido y qué queremos conseguir?”


EL COLÁGENO NECESITA TIEMPO

Vivimos acostumbrados a buscar resultados rápidos pero la biología tiene sus propios tiempos.

Cuando estimulamos procesos de remodelación tisular, la respuesta continúa desarrollándose durante semanas y meses. Los fibroblastos necesitan activarse. La matriz extracelular necesita reorganizarse. El nuevo colágeno necesita sintetizarse y madurar.

Por eso algunos tratamientos destinados a mejorar firmeza o calidad del tejido no deberían valorarse únicamente por lo que vemos inmediatamente después de realizarlos.

No estamos buscando simplemente un efecto inmediato. Estamos buscando remodelación y, remodelar un tejido requiere tiempo.


ENTONCES, ¿QUÉ PODEMOS HACER POR NUESTRO COLÁGENO?

Probablemente más de lo que pensamos. La estrategia empieza mucho antes de entrar en una consulta.

Fotoprotección adecuada, evitar el tabaco, mantener una alimentación equilibrada, actividad física, descanso y cuidado de la salud general forman parte del envejecimiento saludable.

Después podemos valorar qué está ocurriendo específicamente en cada piel.

¿Existe pérdida de firmeza?

¿Ha cambiado la calidad cutánea?

¿Hay alteraciones de textura?

¿Estamos intentando prevenir o corregir?

¿En qué zona?

¿A qué profundidad necesitamos trabajar?

Solo después tiene sentido hablar de herramientas.

Porque no todas las pieles envejecen igual y, por tanto, no todas deberían tratarse igual.


THE COLLAGEN CODE

Durante este mes quiero que entendamos el colágeno desde otra perspectiva. No como una palabra de moda ni como una promesa asociada a un tratamiento, sino como parte de la biología del envejecimiento.

Hablaremos de cómo cambia con el tiempo, de las diferentes maneras en las que podemos estimularlo, de por qué tecnologías como Ultherapy Prime, Morpheus8 o los bioestimuladores pueden perseguir objetivos relacionados con el colágeno y, sin embargo, actuar de maneras diferentes.

También hablaremos de zonas que solemos olvidar —como cuello, escote o manos— y de otro tejido que durante el otoño genera muchas consultas: el cabello.

Pero quiero empezar por la idea más importante: estimular colágeno no significa hacer más.

Significa entender qué está ocurriendo en cada tejido, qué queremos conseguir y elegir, cuando sea necesario, la herramienta adecuada.

Porque la medicina estética, al menos como yo la entiendo, no empieza por un procedimiento.


Empieza por un diagnóstico.

Dra. Lorena ArrienMedicina Estética & Well-Aging

 
 
 

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